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CONSTRUCCIÓN DEL DIQUE DE LOS SAUCES

Resumen y redacción de varios documentos donde aparecen los antecedentes y posterior construcción del Dique de los Sauces
 Por: Gonzalo González

Uno de los más grandes desafíos desde épocas remotas incluso anteriores a las coloniales y en zonas tan áridas como todo el territorio provincial, tuvo que ver principalmente con el abastecimiento del agua, es así que los riojanos durante años sorteamos diferentes obstáculos para permitir subsistir ante tan preciado recurso.



La ciudad de La Rioja luego de su fundación en 1591 fue creciendo lentamente, con periodos de empobrecimiento y olvido, y a pesar de no contar con recursos económicos fueron cada vez más grandes los esfuerzos para brindar a la población la tranquilidad y seguridad principalmente con el abastecimiento del agua, ya sea para su consumo o el riego de las fincas. A mediados de 1.800 los gobiernos riojanos se plantean diferentes inquietudes que pudieran ayudar a la distribución y almacenamiento del agua, en este caso puntual al Rio que bajaba desde las Sierras del Velasco. Ante tal situación surge la necesidad de construcción de una represa y que las aguas producto de las vertientes del Río Grande y sus afluentes que bajaban desde Huaco y Sanagasta sean bien aprovechadas. (Ref.1)

PRIMEROS ANTECEDENTES 
Para fines de 1860 se crean nuevas leyes que sin lugar a dudas tuvieron una gran influencia en las siguientes décadas para la construcción no solo de represas si no de otras obras de ingeniería en toda la provincia. La gobernación de Benjamín de la Vega dio inicio a un período progresista, caracterizado por un emprendimiento hidráulico y de irrigación que impulsa una serie de obras que incluía no solo la represa en la quebrada de los Sauces si no también otras en el interior provincial.

De todas estas leyes que hasta esos años fueron sancionadas quizás la más orgánica y estructurada fue la Ley 185 (24 de diciembre de 1870) que creaba el “Departamento de Irrigación” que era “el encargado de lo concerniente como su nombre lo indica al buen orden de la irrigación, canalización y agricultura de la provincia. Gracias a esta ley se crearon en el interior comisiones departamentales, ayudando de esta manera al trabajo de distribución del agua en el resto de la provincia. Pero el gobierno necesitaba hacer algo más que reglamentos de irrigación, por más que éstos contemplaban aparentemente todos los aspectos de esta delicada y esencial cuestión. El 3 de agosto de 1872 el Ejecutivo envía un proyecto de ley para vender todas las existencias de la extinguida Casa de Moneda, aplicando su valor para el trabajo de la represa de la Puerta de la Quebrada. La Legislatura le niega sanción por considerar que las máquinas en cuestión no pertenecían al Estado, sino a accionistas que más tarde podían hacer valer sus derechos. Este es uno de los más lejanos y primeros antecedentes del actual Dique Los Sauces. Aunque la realidad pintaba muy complicada por la falta de recursos, en 1874 se presenta el primer proyecto original diseñado por el ingeniero Gustavo Zurffbain, el cual resultó admirable por su avanzado concepto tecnológico, apoyado en antecedentes europeos. Zurffbain ubica el dique en la zona de Las Padercitas y dice: Será una presa de 25 metros de altura por 92 de ancho. El depósito de agua en el estanque sería de 23 millones de pies cúbicos ingleses y la obra se completaría con canales, compuertas y demás.



Pero a pesar de tener esperanzas de poder comenzar la obra, esta no fue posible ya que además de no contar con recursos o maquinarias para la construcción algo que no se tuvo en cuenta fueron las guerras civiles que por aquellos años sufría la provincia que influyeron directamente en las tareas de campo, provocando de esta manera el abandono de las actividades rurales, del cuidado de las acequias y sistema de regadío, por parte de miles de hombres que se dedicaron a regar con su sangre las yermas tierras lanistas. El abandono, entonces, fue político y luego vino el desierto. La guerra trajo el desierto y la sequedad. Con un sinfín de cuestiones políticas y sociales de la época la obra debió esperar más de 40 años para su realización, pasando desde su concepto de proyecto a la necesidad de recursos económicos, guerras civiles, financiación y hasta un terremoto devastador en 1894 que cambia radicalmente las necesidades de la población, priorizando la reconstrucción de la ciudad y de sus edificios mas importantes como iglesias, viviendas, el Cabildo (casa de gobierno) etc. y la asistencia económica al interior provincial.

NUEVO SIGLO
Teniendo como base las normas de irrigación del siglo XIX la Legislatura de La Rioja sanciona el 12 de noviembre de 1909 una ley por la que se acoge la provincia a los beneficios de otra Ley (Nº 6.546). Esta ley nacional establecía, entre otras muchas obras, el aprovechamiento de las aguas del Río de Los Sauces y mencionaba taxativamente a La Rioja como una de las provincias que se beneficiarían con este enfoque racional e integral del problema. De esta ley surgen los estudios definitivos del dique Los Sauces y su posterior construcción. También se beneficiarían con la misma otras provincias como Mendoza y San Juan.

En la sesiones ordinarias de 1910 la Legislatura Provincial crearía el Departamento de Salubridad e Irrigación cuyo objetivo era entender en todo “lo referente a la distribución y economía de las aguas para el riego y el buen orden y regulación de los turnos y todo lo referido a esta cuestión”. Es así que La Rioja, como consecuencia de esta activa intervención del Gobierno Nacional, se reinician nuevos y profundos estudios, delinearse planes, establecerse prioridades y finalmente dando comienzo a los grandes emprendimientos en represas ya de considerables dimensiones, también los canales de extensión, todo esto para buscar la solución definitiva al problema del agua, incluyendo en ésta al Dique de Los Sauces.
Las obras inician en 1912, realizándose nuevos replanteos, estudios de levantamiento, perforaciones, y la traza para la construcción de un camino que uniera la ciudad capital con Villa Bustos (Sanagasta), ya que la única unión que había entre estas dos localidades se hacía por dentro de la quebrada bordeando el Rio. El proyecto también incluiría canales, entubado, cañerías para su correcta distribución. La misma estuvo a cargo y dirigida esta vez por el Ing. Carlos Volpi (Ref. 2).


Vista de la casilla, embalse vacío

En junio de 1915 el gobernador Tomás Vera Barros decía: “Se encuentran en pleno trabajo, no obstante las exigencias económicas del momento, las obras del dique Quebrada de Los Sauces, dique de Malanzan, las de canalización de los distritos Pinchas, Chuquis y Aminga del Departamento Castro Barros, en Aimogasta, Chilecito, Nonogasta y Sañogasta”. En cuanto al dique de embalse de Los Sauces, agregaba: “El estado de los trabajos en esta obra al 31 de mayo próximo pasado es el siguiente: se han hecho los estudios de levantamiento, perforaciones, etc. y confeccionado el proyecto definitivo de un embalse de 10 a 12 millones de metros cúbicos de agua. Se calcula –dirá el gobernador optimista, algo que nunca se hizo realidad– poder regar una extensión de 10.000 hectáreas”. A lo largo de este siglo muchas fueron las obras de significación, muchos los fracasos y los aciertos de los sucesivos gobiernos.


Años más tarde la obra se paraliza por cambiso de gobiernos y la falta de envíos de fondos. Luego de idas y vueltas políticas, de trabas de las que siempre fuimos víctimas, los trabajos se reinician a fines de los 20s. En aquel entonces el gobernador Adolfo Lanús (periodo 10 de mayo de 1926 - 10 de mayo de 1929 ) en su último mensaje a la Legislatura en junio de 1929 comunicaba además que tras la prolongada paralización de los trabajos en el dique Los Sauces y tras un mitin popular realizado el 29 de junio de 1926 los riojanos habían logrado que la Nación continuara con la remisión de los fondos necesarios para la finalización de una obra que estaba destinada a cambiar las posibilidades de desarrollo de la capital. Y un hecho grave que recién seria solucionado tiempo después comenzó a alarmar seriamente a la población de la capital: el agua de consumo había comenzado a producir diarrea y otros males por lo cual el Gobierno Provincial, tras comprobarse esta alarmante situación solicitó a la Nación “la inmediata ejecución de las obras necesarias para independizar de la que está embalsada en el Dique Los Sauces el agua de las cañerías que sirven para el aprovisionamiento de la ciudad”. Justo es reconocer que la revolución del 6 de septiembre de 1930 encontró al Gobierno Provincial e Intendencia de la Capital en plena tarea para solucionar viejos problemas y dar respuesta a una ciudad que crecía y aspiraba a más.

INAUGURACIÓN
El Dique de Los Sauces, obra magnífica de ingeniería destinada al embalse de las aguas para riego y consumo de la capital, finalmente fue inaugurado el 4 de enero de 1931.
En 1932 se decía: “Construido para almacenar 21 millones de metros cúbicos en solo dos aportes anuales de las vertientes del río debido a las lluvias en las sierras, ha embalsado en la actualidad un volumen de agua que oscila entre los 6 y 8 millones de metros cúbicos, habiendo formado un lago con un espejo de agua de más o menos 80 hectáreas.


Placa que recuerda al Ing. Carlos Volpi

Esta hermosa obra, tan criticada, objetada y desacreditada hasta por aquellos que han tenido que participar de ella porque pensaban erróneamente que sería un fracaso, está dando ya sus buenos resultados (1932) garantizando el riego oportuno a buen número de hectáreas que si no llegan a ser todavía el que se calculó, No por eso dejan de estar mucho más beneficiados que antes, sin que aún haya derecho a suponer que no aumente el caudal y por lo tanto no se pueda aumentar la zona de riego.

El agua para beber que anteriormente a la terminación del Dique de Los Sauces se consideraba muy buena por tomarse directamente del río con el embalse de las aguas y su estancamiento, el enorme arrastre de materia orgánica en las primeras crecientes y posiblemente filtraciones del fondo de gases extraños, después de conectarse a las cañerías distribuidoras, el agua llegaba a las canillas con un aspecto muy oscuro y barroso y con un olor desagradable que se percibe con mucha intensidad en el dique, siendo muy natural la alarma que tal hecho suscitara.



Pero posteriormente y a medida que el agua fue aquietándose y se le trabajo en los filtros, su aspecto cambió, se clarificó y al venir la segunda descarga de la creciente del último verano si bien se enturbió un poco, volvió a componerse a los dos días. El resultado actual es que, después del recorrido de 10 kilómetros en el fondo del río en donde se agita y oxigena, pasa a los filtros y allí se la trata por el cloro para destruir toda bacteria peligrosa, entrando después a las cañerías de distribución de la ciudad,de tal modo que analizada el agua tomada en cualquier canilla no se le encuentra Bacilos”. Años más tarde se anunciaban la ejecución de obras de mejoramiento a lo largo del Tajamar, como así también la realización de trabajos de reparación en el camino al Dique Los Sauces.




Referencias:
Ref. 1 - Cuenca del río Grande o de La Rioja:
Se origina en la falda Sur oriental de las Sierras de Velazco y tiene numerosos afluentes, algunos de curso temporario; sus aguas provienen de las lluvias de verano. Aguas abajo de Huaco recibe el nombre de Huaco o Grande; corre entonces encajado por una estrecha quebrada, sus aguas son captadas al final de la misma y se infiltran en el relleno aluvional del Valle de Sanagasta. Aflora periódicamente y llega hasta el dique de Los Sauces ; en este tramo recibe algunos afluentes, como los arroyos Salamanca, Chilecito y Alumbre. Al salir del dique, su cauce toma una dirección más o menos hacia el sur; luego se pierde hacia el este en la llanura arenosa. También llegan al río de Los Sauces otros ríos secos, en la mayor parte del año, como el río del Mal Paso, el Tala, el Talamuyuna, La Cañada Los Mogotes, que son de carácter torrencial. Su aprovechamiento es para la producción de energía, usos domésticos y también riego. Las obras de mayor envergadura son la construcción del dique, galerías filtrantes y perforaciones sobre el río de Los Sauces, de aguas aptas para todo uso.

Ref. 2 - Carlos A. Volpi:Carlos Volpi nació en Buenos Aires el 9 de noviembre de 1890. Obtiene su título de ingeniero civil en la orientación hidráulica en la Universidad de Buenos Aires en el año 1913. Becado a Europa, realizó estudios en Alemania. Fue el organizador de la Dirección General de Irrigación de la Nación del MOP, creada en 1915. En su larga actuación profesional en la Ex-Dirección de Irrigación participó de la época que dio brillo a la ingeniería argentina, en que un grupo de pioneros, proyectó y construyó las grandes obras que a lo largo y ancho del país abrieron rutas, construyeron puentes, canalizaron ríos e hicieron diques para regular el flujo de las aguas. El ingeniero Volpi dirigió además las obras de embalse de la Quebrada de los Sauces, en los diques: Cruz de Piedra, San Felipe, San Roque y Nihuil. En 1950 fue integrante del Directorio de la Comisión Nacional de Energía Atómica en el período inicial de esa institución, asesor científico de la Dirección de Agua y Energía y desde 1940 hasta 1968, año de su fallecimiento, fue miembro Titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Poseía un espíritu jovial, comunicativo, amable y sumamente cordial.

FUENTE:
Textos: Miguel Bravo Tedin – Crónica de 4 Siglos
Webs: www.tribunet.com.ar, www.wikipedia.org, www.unq.edu.ar, www.ancefn.org.ar,
Fotos: Fredy Páez Lucero, Gonzalo González

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