Eduardo Di Croce, 23 años y María Luisa Bellucci, 17 (un mes después cumpliría los 18), regresaban a Buenos Aires, tras pasar su luna de miel en la provincia. A la salida de la ciudad, un joven, Ricardo Olmos, les pidió que lo llevaran hacia el sur. A poco de andar, y en el lugar mencionado más arriba, los ultimó a balazos.

Fue el 21 de julio de 1961, pero el hecho se conoció tres días después cuando encontraron, cerca de Chamical, un vehículo con el tapizado ensangrentado. Tras el crimen, Olmos arrojó los cuerpos a la vera del camino y continuó viaje en el auto hasta la ciudad llanista donde lo chocó y abandonó.

Olmos fue identificado rápidamente y había regresado a la ciudad Capital siendo detenido en casa de los Santirso, de donde había robado dos armas sin que los dueños se percataran, ya que vivía con ellos en calidad de “criado” y se había ganado su confianza. El móvil fue el robo, y quizás cierto desequilibrio emocional porque tomó el dinero de la billetera y no el resto que tenían en un monedero que para la época era bastante. 

Una profunda pena invadió a la comunidad que se concentró frente a la morgue, donde se levantó una capilla ardiente, a la espera de los familiares. Una multitud, 5 mil personas dan cuenta del impacto social, los despidió. Otro grupo frente a la cárcel repudió al asesino y pidió su linchamiento.


Recreación de los jóvenes de la mano, según cuenta la leyenda que quienes desconcoen la historia los han visto en ruta 38 de la mano

Recuerdos y repercusión 
La memoria, un ejercicio que debería ejercerse con más frecuencia, trajo al presente el dolor y la conmoción. La familia Leyes Gómez, publicó, este miércoles 21 de julio, un aviso fúnebre en diario El Independiente recordando a las víctimas, y un ex canillita, Carlos Herrera, lo leyó. En visita a esta redacción, recordó que “la sociedad estaba impactada y seguía la investigación por el diario. Yo tenía 11 años, vendía unos 25 ejemplares, pero esos días volvía a la impresora a buscar más”. Conocedor del oficio gráfico porque luego fue socio fundador de COPEGRAF, editora de El Independiente, comentó que en esos tiempos no era fácil imprimirlo. Tenía sólo 8 páginas, se hacía por partes y no terminaban de “imprimir una tirada” que comenzaban con otra para responder a la demanda. El diario reflejaba con detalles la investigación policial y la repercusión social por eso “se vendía como pan caliente”.

También hubo “grieta ideológica” 
Las divisiones ideológicas no son actuales; en los 60 ya estaban. Una emisora porteña se hizo eco del crimen y lo atribuyó a la “sangre montonera” de los riojanos, vinculando la teoría de Sarmiento que relacionaba a los caudillos federales, Facundo Quiroga, Chacho Peñaloza y las “montoneras riojanas” con la barbarie, la violencia y el desprecio a los líderes populares. Fue el entonces gobernador Iribarren el que salió en defensa de los riojanos asegurando que se intenta “menoscabar la heroica lucha de nuestros antepasados, de confundir el espíritu federalista de la montonera con la reacción violenta de un homicida”.

En 1960, habían pasado 125 años del asesinato de Quiroga y casi 100 del “Chacho”, pero la prédica de Sarmiento seguía vigente, pues publicaba o reeditaba libros contra los caudillos riojanos en 1868 desde Nueva York, durante la campaña electoral que lo llevaría a la Presidencia de la Nación. Ayer la “grieta” civilizados, unitarios y liberales concentrados en el puerto contra bárbaros montoneros y caudillos federales populares en lucha contra el centralismo. Divisiones hoy presentes, que no deben generar descalificaciones u odio, sino oportunidades para debatir, argumentar y aceptarlas como propias de la historia argentina.

FUENTE: Diario El Indpendiente (enlace)